¿La alabanza con instrumentos musicales en la Iglesia?

    

Por Jack Fléming (Usado con permiso)


Mucho se ha dicho y escrito a favor y en contra del uso de instrumentos musicales dentro de la iglesia. Pero lo más importante para el cristiano que desea agradar a su Señor, es clarificar si a Dios le gusta el uso de los instrumentos musicales en la iglesia, que es la casa de Dios. Por tanto, no es asunto que si a mí me gusta o si a otro le agrada.

Los defensores del empleo de los instrumentos musicales en la iglesia de Dios, necesariamente deben recurrir al Antiguo Testamento para sostener su posición, porque la verdad es que en todo el Nuevo Testamento, donde se encuentran todas las enseñanzas para que el cristiano sepa cómo debe conducirse en la iglesia, que es la casa de Dios, no figura ninguna mención del uso de instrumentos musicales por parte de los primeros cristianos.
La historia lo confirma que no fue sino hasta el siglo VII, más precisamente en el año 670, cuando por vez primera se introdujo un instrumento musical, y no fue exactamente en la iglesia cristiana, sino en la iglesia católica romana, cuando el papa Vitaliano introdujo un órgano.
Esto significa que la iglesia estuvo durante siete siglos sin usar instrumentos musicales. Cualquier estudiante de la historia del cristianismo lo sabe. ¿Por qué la iglesia primitiva no empleó instrumentos en sus reuniones y los israelitas del Antiguo Testamento sí?

Vale destacar que Israel es el pueblo terrenal de Dios, quien sirvió y adoró a Dios por medio de símbolos, figuras, sombras de la realidad misma de las cosas que habrían de venir. Así que, viniendo Cristo, todas esas expresiones fueron puestas de lado.
La iglesia, el pueblo espiritual de Dios que tiene promesas celestiales, no está sujeto a esas ordenanzas que el Señor estableció con el pueblo terrenal. Dios llamó a Abraham desde Ur de los Caldeos para fundar en él y en su descendencia el pueblo terrenal, Israel.
Abraham es el padre de la nación de Israel y Dios estableció un pacto con él, entregándole ordenanzas distintivas del resto de las naciones, el diezmo y la circuncisión; esto lo vemos en Gn. 14 y 17 respectivamente, posteriormente Dios confirmó con Moisés estas ordenanzas y le añadió una larga lista de otras nuevas en el monte del Sinaí.

Por tanto, todo lo que Dios mandó desde Abraham - hasta Juan el Bautista, fue para su pueblo terrenal, Israel. Además, no debemos de olvidar que la iglesia, como dice en Ef. 3, era el misterio escondido desde los siglos en el Antiguo Testamento.
Si honesta y sinceramente deseamos conocer cuáles son las ordenanzas para la iglesia, su pueblo espiritual, necesariamente debemos recurrir al Nuevo Testamento, porque allí es donde encontramos todas las instrucciones que el Señor y sus apóstoles dejaron para los que nos ha correspondido vivir después de Juan el Bautista. Es decir, para los que estamos bajo la gracia, el pueblo espiritual de Dios, su iglesia, que es la esposa del Señor.

El pueblo terrenal, Israel, en la antigüedad, debía agradar a Dios por medio de complejas ceremonias y sacrificios; en cambio ahora Dios nos dice en Jn. 4: 23 "La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren, Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren".

En el Antiguo Testamento el pueblo terrenal, Israel, le adoraba por medio de sacrificios y cánticos que eran amenizados con instrumentos que Dios específicamente les había señalado. Tampoco era con cualquier instrumento que a ellos les agradara, sino con los que Dios les había indicado.

La música se tocaba en ocasiones limitadas y especiales señaladas por Dios, por ejemplo, durante los sacrificios: 2 Crónicas cap. 29:28 "Y toda la multitud adoraba, y los cantores cantaban, y los trompeteros sonaban las trompetas, todo esto duró hasta consumirse el holocausto".

El pueblo de Israel tenía varios instrumentos musicales. Pero únicamente se mencionan 4 de éstos, como autorizados para tocarlos en el templo. 2 Crónicas 29:25 y 26 "Puso levitas en la casa de Jehová con címbalos, salterios y arpas,... y los sacerdotes con trompetas".
Los israelitas tenían cultura musical y diferentes instrumentos musicales que empleaban en sus fiestas y reuniones familiares. Pero en el templo de Dios no podían usar cualquier instrumento que a ellos les agradara, sino solamente los 4 que Dios les había indicado y en las ocasiones que Dios les había señalado.
Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, no encontramos la mención de ningún instrumento musical que la iglesia primitiva hubiera empleado. Y la historia se encarga de confirmarnos, como ya lo he referido, que no fue sino hasta el año 670 cuando el papa Vitaliano, introdujo el primer instrumento musical que fue un órgano.

A Israel, el pueblo terrenal, Dios le dejó instrucciones muy específicas para el uso de los instrumentos musicales, les dijo cuáles y cuando debían usarlos.
Pero a la iglesia, el pueblo espiritual, le dice que ahora es, cuando los verdaderos adoradores le adorarán en espíritu y en verdad, porque Dios tales adoradores busca que le adoren. Y no menciona nunca ningún instrumento musical para la iglesia, obviamente que no fue por olvido.

Entre las instrucciones para la iglesia podemos leer en Colosenses 3:16 "La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales".

Los primeros cristianos cantaban himnos, pero no empleaban instrumentos musicales en sus reuniones, seguramente que muchos de ellos los tocarían en sus casas con sus familias, pero nunca fueron empleados en las reuniones de la iglesia.
La exhortación del Señor para la iglesia es muy clara: lo que habría de abundar en medio de ella, no era la música, sino la Palabra de Dios. "La Palabra del Señor more en abundancia en vosotros". Y ¿qué es lo que hoy vemos en las iglesias? ¿Es la Palabra de Dios la que abunda en ella o es la música del mundo?
A un pueblo espiritual, como debería ser la iglesia, se le exigirá más que al pueblo terrenal, Israel. Pero lamentablemente vemos que el mundo ha invadido las iglesias, transformándolas en verdaderas Discotecas donde abunda el “Rock Cristiano”, “la salsa cristiana”, “la cumbia cristiana”, “los tangos cristianos”, etc.
Todo esto amenizado frenéticamente con instrumentos estridentes que ni aún permiten escuchar su letra ni entender lo que dicen. Y más aún, cuando para que su público se concentre plenamente en su último ritmo musical de moda, lo interpretan en un idioma extranjero.
Toda esta música del mundo, mantiene muy ocupada a la iglesia, saltando, gritando, aplaudiendo y moviéndose al ritmo que interpretan los nuevos ídolos de la canción.

En estos nuevos clubs sociales que hoy "llaman" iglesias, el olor grato de la fragancia de la santidad del Señor, ha sido reemplazado por el olor de las comidas que éstos comerciantes del evangelio venden en la casa del Señor.
Qué insulto al Dios Santo ante quién los serafines se cubren en su presencia, para cantar reverentemente: "Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos".

¿Podría alguien en su sano juicio, asegurar que toda esta basura que hoy ha invadido las iglesias son "cánticos espirituales?" ¿O que en esos lugares "abunda" la Palabra del Señor?
Pero en cambio ese fue el mandamiento para la iglesia: "La Palabra del Señor more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos espirituales".
En las Discotecas o Club Sociales que hoy llaman "iglesias", la Palabra del Señor brilla por su ausencia, porque la congregación está muy ocupada en un desenfreno de orgía emocional que les mantiene moviéndose, gritando y aplaudiendo al nuevo ídolo de la canción que está de turno.
Con justa razón dice el Señor de esta iglesia, la última antes de su venida, que es una iglesia que le causa nauseas. Y él no está allí, sino afuera Ap. 3:16 "por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad, y no sabes que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
Yo estoy a la puerta y llamo". El Señor está afuera, a la puerta, llamando para que lo dejen entrar. El Santo no puede estar en medio de esta corrupción.

Si el Señor viniera hoy, de seguro que actuaría con la misma indignación santa que le invadió cuando vio la corrupción y el comercio que hacían los fariseos de su época. Tomó un látigo y los expulsó del templo y les dijo: "Mi casa, casa de oración será llamada, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones".

Estos profanos intentan justificarse, diciendo que su intención es alcanzar a los jóvenes por medio de la música. A los tales les pregunto ¿en qué parte de la Biblia dice que debemos hacer eso? ¿Cuándo el Señor nos ha mandado alcanzar a alguien por medio de la música? El poder está en el evangelio, en su Palabra, no en la música.
Sólo intentan justificarse porque es a ellos, a los que nunca han nacido de nuevo, a quienes les gusta esa música. Porque el Señor nos asegura que cuando nacemos de nuevo, he aquí todas las cosas son hechas nuevas, tenemos nuevos gustos, nuevos intereses.
Nuestro único deseo es agradarle a él y no a nosotros mismos. Él ha sido muy claro para decirnos que busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.

Él se agrada en que su Palabra abunde en nosotros, no la música, porque el poder está en su Palabra, no en la música.

El desea que cantemos con el corazón, himnos espirituales para él, no la música del mundo que solamente nos hace recordar ese tiempo que pertenecíamos al mundo.

 Texto tomado con permiso de: www.estudiosmaranatha.com
Audio arreglado por Ray R Casallas / Descargahimnoscristianos©